“… un comienzo, un desarrollo y un final abierto. Nuestros anhelos y sueños. Como aquel que trabaja la viña, iremos atando momentos que serán parte de nuestra historia. Aquella que cubre y protege nuestro entusiasmo”
A los 45 años me pregunté qué iba a hacer cuando dejara de trabajar como ingeniero. Viviendo en Mendoza es difícil no pensar en el vino. Después de algunas idas y venidas nos entusiasmamos con mi esposa con la idea de la bodega.
Compramos algunas hectáreas en la zona de Los Árboles, en Tunuyán, al oeste de la provincia de Mendoza. Y así, en el 2002, le dimos inicio a este proyecto.
"De lejos se veían dos árboles. Pero al acercarnos nos dimos cuenta de que era uno solo. Fue lo primero que observamos cuando llegamos al lugar
donde está nuestra finca. De esta simple anécdota nace nuestro nombre."
Preferimos decir que estamos “siendo una bodega”. Que estamos aprendiendo y escuchando. Creemos que como el agua, hemos encontrado el mejor surco para avanzar.